La tierra no está a la venta
El Consejo Indigenista Misionero (CIMI) ha divulgado un documento político dirigido a la COP30 dentro del marco de la participación de la sociedad civil, que quiere dar voz a los pueblos indígenas de Brasil. Este documento localiza claramente la causa histórica de la crisis socioambiental que estamos viviendo: la lógica depredadora del modelo económico capitalista. El documento afirma que, hasta ahora, este proceso de negociación entre países, iniciado en 1995 por la Conferencia de las Partes (COP) dentro de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), no ha conseguido compromisos y soluciones eficaces en la lucha contra el cambio climático.
La resistencia a los necesarios cambios estructurales que afectan a la vida en el planeta ha encontrado la oposición sobre todo de los países más ricos. El sistema que sigue persiguiendo un crecimiento ilimitado en un planeta finito está causando el agotamiento de las fuentes de la vida de la tierra. Esta es la situación a la que toda la humanidad debe enfrentarse. Se trata de una toma de decisiones éticas, políticas y económicas que rompan con este sistema voraz y ecocida.
La expansión del agronegocio y de la extracción de hidrocarburos, gas, minerías... con toda la red de infraestructuras y transporte a ellas asociadas, y relacionadas directamente con la crisis climática, asedian de manera asfixiante a las tierras donde viven los pueblos indígenas.
No es suficiente que el sistema se esconda bajo nuevas soluciones “verdes” si sigue la misma lógica que nos ha llevado hasta aquí. Tampoco la estrategia de compra-venta de emisiones está teniendo el efecto que se esperaba; al contrario, parece que incentiva el consumo y la contaminación. La transición ecológica de muchos países está siendo implementada por unos centros de poder que no tienen ninguna intención de cambiar el sistema, sino de seguir transfiriendo energía desde el sur global hacia ellos, cuestión que sigue afectando gravemente a las comunidades indígenas.
La defensa de los territorios indígenas es fundamental para enfrentar la crisis climática y el colapso ambiental. Brasil llega a esta COP30 con políticas anticonstitucionales estancadas en la demarcación de tierras indígenas, que las abren a la explotación de terceros, y con la amenaza de propuestas de ley que quieren desmantelar la política de protección ambiental.
La misma sede de la COP30 se asienta en un lugar, la Amazonía brasileña, donde la degradación socioambiental viene de la mano de la implantación de grandes latifundios y empresas mineras, de la deforestación del territorio y de la puesta en marcha de grandes proyectos de infraestructuras. Las conferencias realizadas hasta la fecha han dado validez a la lógica económica de siempre, a la vez que se han opuesto a las soluciones de las sociedades que sufren las consecuencias de ésta. Han resultado, por tanto, una pérdida del tiempo con el que no contamos para revertir la situación.
Por todo ello, desde el CIMI se pide una movilización amplia y crítica de las organizaciones sociales, los movimientos populares, del mundo académico, de las Iglesias... para que se permita una participación efectiva en la toma de decisiones que nos lleven a una profunda transformación que pasa por:
• La defensa con demarcación legal, de los territorios Indígenas, Quilombolas y Tierras Tradicionales.
• Una transición energética desde los pueblos, de los pueblos y para los pueblos.
• La creación de mecanismo de restitución por la deuda histórica ligada a la explotación de personas y territorios.
• Implementar políticas firmes para la protección de la naturaleza y la regularización de la redistribución agraria.
• La garantía de la primacía de los Derechos Humanos y de la naturaleza sobre intereses corporativos.
• Reparación histórica de la violencia colonial, incluyendo la anulación de las deudas externas ilegitimas de los pueblos.
• La inclusión del Ecocidio como crimen por parte del gobierno brasileño con consecuencia para los tribunales internacionales.
• La soberanía alimentaria, la agroecología como único camino posible para un futuro con alimentos sanos, justicia en el ámbito rural y respeto a los ciclos de la naturaleza.
En octubre del año pasado, la Plataforma Laudato si´Málaga tuvimos como invitados en Málaga a representantes de pueblos indígenas brasileños que nos contaron como la resistencia a esta situación les está costando vidas. Unos días después de estar con nosotros, una de sus aldeas fue atacada por sicarios del sistema contra el que los pueblos indígenas luchan pagando altos precios. A lo largo de este tiempo muchos han sido los ataques con muertes y heridos, tal como lo documentan los informes anuales del CIMI sobre “Violencia contra los pueblos indígenas en Brasil” (ver informe 2024).
¿Cuántas muertes más habrá que tolerar contra estos defensores de la naturaleza vilipendiados desde hace siglos, para llegar a decisiones que hagan justicia y abran caminos firmes hacia la defensa de La Vida en su globalidad?
Plataforma Ecosocial Laudato Si Málaga

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