El motor climático del Amazonas se muere
La Cumbre del Clima COP30 ha comenzado en Belém do Pará esta semana. Son numerosas las voces, entre las personas y organizaciones sensibilizadas con el desastre ecosocial al que nos aboca el actual modelo global de economía y consumo, que nos alertan de que el tiempo se ha acabado y que urgen acciones y medidas contundentes si queremos minimizar el desastre climático.
Entre las acciones urgentes, la llamada a la reducción completa de las emisiones de carbono a la atmósfera suena siempre como el objetivo prioritario. Una reducción que significaría la ralentización en el crecimiento exponencial de la temperatura media global del planeta (que ya ha superado los +1,5° C) y que posibilitaría unos menores efectos del calentamiento global, así como contar con algo de más tiempo para la adaptación a unas nuevas condiciones climáticas y de vida en el planeta que se vislumbran cada vez menos predecibles.
Siendo esto cierto, el profesor António Donato Nobre, director del Biotic Pump Greening Group Institute, insiste en una cuestión científica no menos importante y que ,sin embargo, no está siendo tenida en cuenta suficientemente por los actores políticos, sociales y medioambientales: la denominada bomba biótica, es decir, el complejo y dinámico ciclo hidrológico tierra-atmósfera, poderosamente mediado por los bosques vivos. Durante casi dos décadas, esta dinámica crítica ha estado ausente en los modelos climáticos globales dominantes. Esta omisión ha permitido que los modelos subestimen enormemente la vulnerabilidad de la Amazonía y la velocidad del colapso climático.
Cuando la destrucción de los ecosistemas nos lleva al colapso climático, el objetivo, afirma Nobre, tiene que ser mucho más ambicioso que reducir a cero las emisiones de carbono, pues la destrucción de los ecosistemas es el sabotaje sistémico del mecanismo de control climático más poderoso del planeta. Aunque pongamos a cero las emisiones de carbono, sin una restauración ecológica masiva, la emergencia climática persistirá. Los bosques no son solo sumideros de carbono. Son los principales reguladores climáticos del planeta, sus generadores de agua dulce y la base misma de la habitabilidad continental.
Con un tono eminentemente propositivo, el profesor Nobre se fija en el lado positivo de la situación: la constatación de que la vida tiene un poder regenerativo inmenso. Más de 400 millones de años, la biosfera ha conquistado continentes a través de mecanismos inconcebiblemente complejos e increíblemente sofisticados.
Por todo ello, el artículo hace una llamada a la acción centrada en la imperiosa necesidad de modificar el modelo de producción y consumo planetario. Esto significa que es prioritaria la reforma de la agricultura y la ganadería, actualmente los principales vectores de destrucción de los ecosistemas. Pero además, significa modificar hacia dónde se canalizan los fondos para luchar contra el calentamiento global, en particular los falsos esquemas de compensación de carbono a corto plazo, como las plantaciones forestales, que no replican la compleja hidrología de los bosques nativos, y que no hacen nada para restaurar el ciclo del agua del planeta.
Denunciando la hipocresía de los que toman las decisiones políticas y el cinismo económico de las élites, el profesor Nobre termina haciendo una poderosa llamada a la acción, elevando la protección de los ecosistemas y la recuperación de una preocupación periférica (la bomba biótica) hasta el núcleo de la acción climática global.
El autor insiste en la necesidad de presionar para hacer cumplir, financiar y modelar políticas que reconozcan a los bosques no solo como depósito de carbono, sino como el sistema de aire acondicionado y generación de agua dulce irremplazable del planeta. La estabilidad de los alimentos, el agua y el clima del mundo, afirma, depende de si Belém eleva la biogeofísica de una preocupación periférica al núcleo de la ley climática global.
Desde la convicción de que esta propuesta no está diseñada desde un optimismo ingenuo, sino que surge de la aplicación práctica de la física, la ecología profunda, las sabidurías antiguas y cuatro mil millones de años de genio evolutivo, el artículo termina haciendo una petición: demos una oportunidad a los diversos bosques, demos voz a los territorios nativos, y ellos sanarán el clima.
Puede accederse al artículo completo en el siguiente enlace: artículo completo.
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