Agitar y servir - ¿Negar al Papa el templo de la palabra? - Plataforma Ecosocial Laudato Si Málaga

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miércoles, 10 de junio de 2026

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Agitar y servir - ¿Negar al Papa el templo de la palabra?

De verdad que no lo puedo entender. Y, desde luego, no lo comparto y lo critico, con respeto literario pero con firmeza. Me refiero a la decisión de Podemos y el BNG de plantar al Papa León XIV en el Congreso de los Diputados. Creo que no ha sido un acto de coherencia laica; es una decisión de escaparate ante un posible electorado, también disconforme, disfrazada de superioridad moral. Es señalarse como voz de los laicistas rigurosos o extremos. Excusas como que se "convierte el templo de la democracia en una iglesia" o que la visita vulnera la "aconfesionalidad del Estado" son argumentos falaces que confunden la neutralidad institucional con la ceguera sociológica.


Hacer política exige, ante todo, capacidad de lectura de la realidad social, incluyendo las realidades y hechos religiosos. Negar la importancia  de la presencia del Pontífice en el Parlamento es ignorar que el hecho religioso es un fenómeno social de primer orden con evidentes y profundas derivadas políticas. El Papa no solo es el líder espiritual de millones de ciudadanos españoles —creyentes que merecen ver su sensibilidad respetada en las instituciones—, sino que es, además, un jefe de Estado con un peso geopolítico indiscutible. Su magisterio y la Doctrina Social de la Iglesia gozan de un reconocimiento y una valoración internacional que trascienden las fronteras de lo cultual y espiritual. Y no ha ido al Congreso a celebrar la Misa ni a dar una catequesis.


El Congreso es, por definición, el templo de la palabra y el debate. Resulta paradójico que quienes se autoproclaman defensores del diálogo practiquen una cerrazón tan sectaria, negándose a escuchar en tal sede política mensajes altamente cualificados sobre la justicia social, la paz o la dignidad humana, que resultan relevantes, tanto para creyentes como para no creyentes.


Esta espantada no es laicidad; puede interpretarse, con razón, como despecho, intolerancia y como una preocupante oposición a la pluralidad. Al no concurrir a sus escaños, estos partidos no protegen, al menos en esta ocasión, la democracia: así la empequeñecen haciendo pensar que su concepto de la tolerancia es débil, muy parcial y cargado de prejuicios. 


Supongo que habrán pulsado a sus militantes, electores y simpatizantes. Y, si han obrado en consecuencia, también asumirán el descrédito en el que han podido incurrir ante quienes pensamos que en esto no han estado a la altura. Si no, deberían disculparse. Pero pedir reconocimiento de error y rectificación en estos asuntos, me temo que es mucho pedir. Está de moda el desprecio, más o menos explícito, de lo que suene a religión... O no.

Pepe Montes.